La ola mundial de la extrema derecha que invade a América Latina dio el batacazo en Brasil con la victoria parcial en la primera vuelta por 47,07 % contra 45,11%. Lula prometió dar batalla y anunció: “Empieza una nueva campaña”.
Ninguna de las encuestas pudo detectar el escenario político que dibujaron las urnas el domingo en Brasil: la familia Bolsonaro quedó a tiro de volver al poder en una posición de hegemonía nacional porque el Partido Liberal se ha expandido como primera fuerza en el Senado y Diputados, además de haberse llevado gobernaciones de peso como San Pablo, Paraná y Minas Gerais. Pero además, en caso de vencer en el balotaje, Flávio Bolsonaro, una suerte de delegado de Donald Trump en Brasil designado por su padre por ser su hijo mayor, tendrá la chance de nombrar a cuatro jueces de la corte suprema.
Por eso, el presidente y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, llamó a no darse por vencidos pese al 47%-45% y se mostró confiado en que ganarán en la segunda vuelta del próximo domingo 25. Al hablar ante sus seguidores, el veterano líder político animó a los caídos por el resultado ingresando al escenario con un altavoz como en su época de sindicalista. Un claro mensaje para volver a las fuentes. Y, además, le mostró los dientes a la familia Bolsonaro: “La segunda vuelta mostrará los dos proyectos de país” y la incertidumbre que representa Flávio Bolsonaro como jefe de la economía más grande de América Latina.
Desde el inicio del escrutinio hasta los bolsonaristas, reunidos en Brasilia, se sorprendieron por los números que arrojaban las urnas electrónicas, con 51 por ciento de los votos, con más de 11 puntos de diferencia con Lula. “La gente quiere el cambio. Este es el fin de la era del PT”, dijo Flávio Bolsonaro en una breve conferencia de prensa victoriosa, en la cual prometió reducir el número de ministerios, el fin de la reelección y nombrar a cuatro nuevos jueces del Supremo Tribunal Federal.
Para llegar a los 50 +1 de los votos necesarios para llevarse la presidencia de Brasil, Flávio Bolsonaro buscará reunir votos de los otros candidatos menores como Augusto Cury, de Avante; Renan Santos, de Misión, y Ronaldo Caiado, del Partido Social Demócrata (PSD). Todos de derechas y con 2 % cada uno.
A diferencia de 2022, cuando el PT de Lula tenía colectoras -como la senadora Simone Tebet o el Partido Democrático Laborista- que lo ayudaron a vencer en un balotaje a Jair Bolsonaro por menos de un punto porcentual, ahora el ex metalúrgico tendrá que escarbar en una gran novedad de la elección, los que no fueron a votar, votaron en blanco o anularon su voto.
La abstención fue la segunda mayor de la historia, 21,07 %, es decir, unos 33 millones de electores. Esos votos, dijo Lula, serán los primeros que irá a buscar. También podrá acercarse a los de Cury, el escritor de autoayuda que pertenece al partido Avante. También hay 3% de nulos y casi 2% de blancos.
En el bunker de Lula todo era pesimismo hasta la que la distancia se redujo a menos de dos puntos. “Nadie en la historia de Brasil logró ganar una segunda vuelta saliendo segundo en la primera. Pero Lula tiene la capacidad de revertirlo mostrando los proyectos de país en pugna”, aseguró a El Destape el ex ministro de Desarrollo Agrario y diputado Paulo Teixeira.
Con ese mismo optimismo, Lula arengó a sus filas y redobló sus ataques a su rival. “La historia de Bolsonaro genera incertidumbre porque tiene un pasado tenebroso. Con él no hay un horizonte prometedor posible, ni por su historia ni por la de sus parientes. Relaciones tenebrosas con las milicias, con el crimen organizado de Río de Janeiro. Todo saldrá a la luz. Ellos participaron en la creación del Banco Master, que defraudó al país y sobornó a políticos con orgías”, denunció.
Luego citó el escándalo de Daniel Vorcaro, el banquero preso que le dio al menos 30 millones de dólares a Flávio Bolsonaro en una cuenta en Estados Unidos con el argumento de filmar una película sobre la vida de su padre condenado por intentar dar un golpe de Estado contra el propio Lula. El caso Vorcaro, que corrompió a jueces de la corte y a gran parte de la clase política, parece haber caído en “el sistema” pero no en los brazos de Flávio.
Las cifras récord de la economía logradas -como el desempleo, la inflación más baja de un mandato presidencial y la inédita creación de puestos de trabajo con salario mínimo por encima de la inflación- chocaron, según analistas, con los problemas de crédito y morosidad generados sobre todo por la tasa de interés alta que ha mantenido el Banco Central.
Lula también se mostró sorprendido por el comportamiento del electorado, sobre todo en San Pablo. Allí eran candidatas sus dos ministras, Simone Tebet, una ruralista con discurso social, y Marina Silva, la legendaria activista ambientalista. Ambas fueron derrotadas por dos senadores bolsonaristas con discurso sobre seguridad pública.
“No logro entender, en medio del cambio climático, que Marina pierda. Que Tebet, una mujer del agro y que piensa en lo social, no haya sido electa. ¿Será que nosotros somos los equivocados?”. Esta pregunta de Lula dice mucho sobre cómo la campaña deberá acelerar la conexión con quienes no fueron a votar y son necesarios para evitar que toda Sudamérica se pinte de azul de la derecha y del naranja de Trump.
El nuevo mapa político
El batacazo de Flávio se dio sobre todo porque el ultraderechista venció en todas las regiones del país menos en el nordeste, que le garantizó una sobrevida a Lula. Por eso, en su discurso, el actual mandatario ya empezó a delinear su estrategia de cara al balotaje. Citó varias veces a su vicepresidente Geraldo Alckmin, ex gobernador de San Pablo, un conservador, con el cual intentará rescatar el voto de la centroderecha moderada.
Pero aún si gana en el balotaje, la primera vuelta deja un escenario político muy complicado para Lula. Su partido, el PT, logró reelegir tres gobernadores en Bahía, Ceará y Piauí y disputará una segunda vuelta para mantener Rio Grande do Norte, todos estados del noreste. En Río de Janeiro, en cambio, el bolsonarista ignoto Leandro Ruas, un ex comisario del Partido Liberal, dio el batacazo al llegar al 49% frente al que era favorito, el intendente de Río de Janeiro, Eduardo Paes, del centrista PSD y que iba en alianza con Lula.
En San Pablo, el estado más poblado y rico del país, logró reelegir el bolsonarista Tarcísio de Freitas, del partido Republicanos, la fuerza de la evangelista Iglesia Universal, con el 62 % de los votos contra el 35 % del ex ministro de Economía de Lula Fernando Haddad. Freitas se posiciona para ser un presidenciable en 2030. De la misma forma que dentro del PT se posicionan como aspirantes a la renovación en 2030 los reelectos Jerónimo Rodrigues, del estado de Bahía; Rafael Fonteles, de Piauí, y Elmano de Freitas, de Ceará.
También el bolsonarismo se quedó con un distrito clave, Minas Gerais. Allí ganó Flávio pero ganó la gobernación el diputado Cleitinho, también de Republicanos. Un mal trago para Lula fue la arrrasadora victoria por 50,1% de los votos de su ex carcelero, Sergio Moro, del Partido Liberal. Moro gobernará Paraná.
En una elección marcada por la interferencia estadounidense de Trump y las big techs aliadas a la familia Bolsonaro, el Senado ha quedado controlado por el Partido Liberal, que tendrá 29 escaños de los 81 más una mayoría con sus tradicionales aliados. También el partido ganó al menos 121 bancas en Diputados. Será la primera minoría de la Cámara Baja, aunque todavía no se han definido los porcentajes de esta elección.
El segundo puesto logrado por Lula lo coloca de nuevo a sus inicios como candidato. Fue segundo ante Fernando Collor de Mello en 1989 y derrotado en primera vuelta en 1994 y 1998 por Fernando Henrique Cardoso. Y, hasta el momento, nadie ha podido dar vuelta en el balotaje partiendo del segundo puesto.
En cambio, los grandes vencedores fueron los Bolsonaro, sobre todo porque la victoria no prevista por las encuestas de Flávio estuvo acompañada por la llegada al senado de su hermano Carlos Bolsonaro, electo por Santa Catarina. Otro hijo de Jair, Renán Bolsonaro, fue elegido diputado federal también por Santa Catarina.
El clan Bolsonaro se anotó una tercera victoria. Una de las protagonistas de la primera vuelta, sin dudas, fue Michelle Bolsonaro, electa con récord de votos como senadora por Brasilia. Ella, que vive en un barrio cerrado con su marido en prisión domiciliaria, es también una de las presidenciables para 2030.
Pero una eventual victoria de Flavio, si consigue los tres puntos necesarios para vencer a Lula y acceder a la presidencia a partir del 5 de diciembre, abrirá las puertas a un cambio aún más profundo del escenario político. Su padre Jair será indultado y gran parte de la derecha podrá, también, ejecutar lo prometido: destituir al juez Alexandre de Moraes de la corte, el instructor del caso que condenó por golpismo a Bolsonaro y a más de 30 integrantes de su gobierno.